INDUMENTARIA
INDUMENTARIA
Modelada en barro cocido, la imagen de Nuestra Señora de las Nieves fue venerada durante los primeros tiempos desprovista de vestidos y alhajas.
La moda de vestir a las imágenes devotas comenzó por colocarle primero un simple tocado y, más tarde, mantos, sayas y ropillas, cubriendo así el cuerpo original de la escultura. En el caso de la Patrona palmera ya aparecen inventariadas ropas y vestidos de la Virgen desde 1571. Ya en el primer tercio del siglo XVII, la indumentaria de la Virgen de las Nieves quedó fijada al estilo del traje cortesano femenino, cuyos rasgos más característicos se habían definido a mediados del siglo XVI, bajo el reinado del Emperador Carlos V y su hijo Felipe II. Este estilo de aparato que vestían las mujeres principales, como las Reinas y Princesas, puso especial importancia en borrar las formas naturales del cuerpo a través de corpiños forrados con cartón y el verdugado interior que daba rigidez a la falda, acentuando el contraste con la estrechez de la cintura y el gran ruedo inferior.
Así, la indumentaria de la Patrona consta de varias piezas como son: la Basquiña que es la saya o falda exterior, siempre acompañada de verdugado interior para darle la forma acampanada; el Jubón también llamado peto o corpiño, con mangas estrechas y ajustadas; y, por separado, las Mangas Largas o Perdidas que se colocaban independientemente del jubón; el Manto, colocado desde los hombros; y por ultimo el rostrillo, enmarcando el óvalo del rostro mariano y la toca para cubrir la cabeza de la Virgen. La indumentaria del Niño se compone de un llamado vaquero o vaquerito, que no es más que un faldón en forma de dalmática amplia; y se complementa con medias, calcetas y zapatos.
Los vestidos marianos están confeccionados con diferentes tejidos y colores, en seda, terciopelo, tafetán, damascos, lampazo, tisúes y las lamas, brocados o tejidos labrados con hilos de seda, oro y plata; géneros a los que se les añadía galones, pasamanerías y flecos de oro fino.
Como complemento a la indumentaria, el joyero de Nuestra Señora de las Nieves constituye un ejemplo único, resistente a expolios, guerras y desamortizaciones; donde lo profano y lo devocional va de la mano. La mayor parte de los aderezos están compuestos por dijes, pomas, amuletos contra el mal de ojo, pinjantes con formas de animales, pulseras, zarcillos, collaretes, anillos, rosarios, cruces, relicarios, medallas, broches y rosas de pecho, hilos y sartas de perlas, entre otros. Todos compuestos por piedras preciosas engarzados en oro o plata, y muchos de ellos llegados desde el Nuevo Mundo, así como de otros lugares lejanos, obsequios de agradecimiento de palmeros que emigraron para buscar fortuna y que la encontraron.
